El Barcelona también juega mal… a veces

Cada derrota del Barcelona, calificado por sobradas razones el mejor equipo del mundo, genera una serie de análisis sobre por qué perdió y que hizo el rival para derrotarlo. Es que el equipo de Guardiola marcará sin dudas una era dentro de fútbol. Su manera de jugar, innovadora, estética, con un estilo definido y defendido a ultranza apareció para darle otra dimensión al deporte de un tiempo a esta parte. Sus triunfos, sus títulos y el camino elegido para llegar a ellos generó una gran identificación popular con el equipo “blaugrana”. Además la presencia de Messi, Iniesta, Xavi y tantos otros han convertido al team “culé” en un paradigma del fútbol de excelencia.

Muchos han creído tener la fórmula para parar al Barcelona. Sin embargo, la vigencia de esas recetas ha sido siempre efímera, no duró más que un partido, o una porción del mismo. El Barça siempre ha sabido reinventarse, desde la obsesividad de su entrenador por hacer siempre evolucionar a su equipo o bien por la magia creadora de sus integrantes.

La derrota en las semifinales de la Champions League de 2010 frente al Inter de José Mourinho, inundó las páginas de los periódicos con opiniones denostando el estilo ultradefensivo de aquel equipo. Han pasado dos años y una nueva derrota en semis, en éste caso versus el Chelsea de Inglaterra genera una especie de deja vu bastante curioso.

Si bien es cierto que el equipo londinense tuvo una manera muy cautelosa de plantear la serie frente al Barcelona. Lo primero que se debe destacar es que no incurrió en ninguna transgresión al reglamento para conseguirla. En ningún párrafo de las regulaciones sobre fútbol se plantea que defender está prohibido o atenta contra el espíritu del juego.

Lo interesante sería dejar el debate lleno de lugares comunes de lado e intentar analizar por qué motivos, un equipo que suele tener unos estándares de rendimiento cercanos a la perfección no pudo doblegar en 2 partidos a un equipo sensiblemente inferior. Qué cosas hizo bien el Chelsea pero también cuales hizo mal el Barcelona para caer derrotado en Londres y apenas empatar en Barcelona pese a jugar con 11 contra 10 buena parte del mismo.

Vale la pena hacer referencia brevemente al partido de ida para luego centrar el análisis en la vuelta. En el encuentro jugado en Londres, la victoria del Chelsea tuvo sus estandartes en la sólida defensa de los “blues”, el aprovechamiento de la chance generada por parte de los locales y la impericia de los “blaugranas” de una buena cantidad de chances de las que dispuso y que desaprovechó. Un arquero inspirado, una defensa aguerrida y el toque de distinción de Lampard, Ramires y Drogba le alcanzó al equipo de Roberto Di Matteo para acarrear una ventaja al partido que se jugó en el Camp Nou.

El regreso no fue el mismo partido. SI bien se repitió la estrategia adoptada por los equipos y se respetaron patrones como la posesión de balón, el juego tuvo muchas incidencias que cambiaron el desarrollo inicial y lo fueron llevando hacia otro terreno.

La idea del Chelsea era defender el cero en su arco. Montó un sistema defensivo cerca a la puerta de su área en la que los 11 jugadores estaban implicados. Desde Terry hasta Drogba debían defender y tenían una función específica a tal efecto. Cuando recuperaba la pelota si podía la idea era contraatacar, pero solo si se podía.

El Barcelona como siempre intento construir el juego desde el pase corto, la monopolización de la tenencia del balón y la posibilidad de abrir el juego desde alguna serie de pases a alta velocidad o la gambeta indescifrable de Messi.

La principal diferencia estuvo en como desarrollo cada uno su plan. El Chelsea lo llevó delante de manera perfecta. Nada lo perturbo, ni perder por lesión a Cahill a los 5 minutos, ni siquiera quedarse con 10 hombres en el primer tiempo por la infantil expulsión de Terry. Tan efectiva fue la defensa del equipo inglés que las jugadas en las que el Barcelona pudo convertir o generar peligro partieron en pelotas perdidas por los “blues”. Nunca que estuvo parado esperando el ataque rival le pudieron generar peligro,  y se necesita una prestación muy elevada para poder conseguirlo.

Mientras tanto el Barça, y aquí está el punto fundamental para entender su eliminación, no jugó al nivel de siempre. Si bien es cierto que el porcentaje de posesión se asemejó al que consigue en sus mejores presentaciones, la utilización de ese recurso estuvo lejos de sus mejores versiones.

El de Guardiola fue un conjunto estático, sin cambio de ritmo, sin pase entre líneas. Uno de los secretos del éxito “culé” era el movimiento sin pelota de los destinatarios de los pases, mientras los medios jugaban en corto. Eso generaba el pase largo punzante, que dejaba mano a mano al definidor con el portero y que habitualmente terminaba en gol.

Sin esa virtud todo se hace más previsible. La marca a Messi se torna más asfixiante y el 10 tampoco puede convertirse en arma letal. Llevar al Barça a arrojarle centros a un centrodelantero corpulento que no tiene es una virtud del rival de turno.

El Barcelona jugó mal. Su rival llevó adelante mejor su plan. No ganará la Champions League de 2012, pero no se borrará su marca indeleble. Es uno de los mejores equipos de la historia y seguramente lo seguirá siendo.

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F.C Porto, la nueva sensación del fútbol europeo

La victoria en el partido de ida de las Semifinales de la UEFA Europa League del Porto sobre el Villarreal por 5 a 1, puso al equipo portugués en el umbral del mundo futbolístico. No obstante, quien indaga sobre éste equipo y sobre todo quien se detiene a mirar sus encuentros, notará que el resultado no es obra del destino o la casualidad.

Sus números en ésta temporada son sencillamente abrumadores. Campeón de su liga doméstica 6 fechas antes del final de la misma. Invicto en ese certamen en 27 encuentros, con solo 2 empates. A 90 minutos de ser finalista de la 2º competición de la UEFA en orden de importancia con 11 victorias, 1 empate y 1 derrota.  Finalista de la Copa de Portugal, certamen que intentará ganar el próximo 22 de mayo.

Su entrenador tiene una historia muy particular. Se lo conoce como el nuevo Mourinho. André Villas-Boas es un joven prodigio del la dirección técnica. Jugador frustrado, de una familia con antecedentes cercanos a la nobleza portuguesa, comenzó su carrera hacia el banquillo cuando apenas tenía 16 años. En ese entonces se animó a enviarle una carta a su vecino, el recordadísimo Bobby Robson, para acercarle una manera de hacer rendir al centrodelantero del Porto Paciência. El inglés, quien también dio la primera oportunidad a “Mou”, deslumbrado por los conocimientos del adolecente lo sumo inmediatamente a su equipo de trabajo en condición de observador.

Cuando Robson mudó su carrera al FC Barcelona, Villas-Boas se mudó a Escocia y consiguió su título de entrenador. Su espíritu emprendedor lo llevo hacía las Islas Vírgenes Británicas, donde a los 21 años se estableció como el entrenador de la selección local durante 18 meses. La experiencia terminó drásticamente luego de la derrota de su equipo 9 a 0 frente a Bermuda. El joven regresó a su país y se hizo cargo del sub 19 del Porto.

Los caminos de Villas-Boas y Mourinho volvieron a cruzarse cuando el ahora entrenador del Madrid se hizo cargo del conjunto del puerto de Oporto en la temporada 2002. Alertado por los conocimientos del joven, “The Special One” lo sumó a su staff técnico. La función de André era la de espía. Durante 6 años fue el encargado de realizar los informes de los próximos rivales de los equipos de Mou, no solo en Porto sino en Chelsea y en Inter.

Al comienzo de la temporada 09-10, decidió emprender en solitario su carrera como entrenador y un par de meses después de la separación se hizo cargo del Académica. A su llegada el equipo marchaba último sin victorias en el certamen. El nuevo entrenador, no sólo lo coloco 10 puntos por arriba de la zona del descenso, sino que alcanzó las semifinales de la Copa de Portugal. Estos logros le otorgaron prestigio en su país, además el estilo directo y ofensivo de su equipo fue por demás elogiado.

Con apenas meses de experiencia como Head Coach, Villas-Boas se hizo cargo ésta temporada del F.C Porto luego de la marcha al Málaga de Jesualdo Ferreyra y los resultados están a la vista.

Pese a estar emparentado directamente con Mourinho, el detesta la comparación. Quizás sea por su importante ego, cuestión que también lo asemeja a “Mou”. Sin embargo el principal elemento para desechar la comparación es la manera en que juega su equipo.

El Porto juega un fútbol netamente ofensivo, su objetivo es siempre marcar. Su promedio de gol así lo ratifica. Marcó un promedio de 2, 37 tantos en la liga portuguesa  y, para eliminar el argumento que emparenta la cantidad de goles al nivel de los rivales, éste indicador es aún mayor en la Europa League. En el certamen continental tiene macados 34 goles en 13 partidos, un promedio de 2, 61. Tiene al goleador del torneo, el colombiano Radamel Falcao con 15 goles en 11 partidos. Y como si fuera poco, conquistó 5 tantos en cada uno de los últimos 3 partidos que disputó a nivel europeo.

El sistema táctico incluye 4 defensores, 3 mediocampistas y 3 delanteros. La idea en ataque es hacer bien ancha la cancha, cuestión que se consigue a partir de la subida de los laterales y la ubicación de los extremos. El balón parte siempre del triangulo que se forma en la mitad del campo y tiene como vértices más adelantados al portugués Joao Moutinho y al colombiano Freddy Guarín. Ellos son los encargados de iniciar las jugadas y aprovechando el certero primer pase de ambos y la capacidad para filtrar entre líneas se busca acabar las jugadas abasteciendo al delantero centro ya sea a partir de un centro o un pase en profundidad.

En defensa la idea es presionar en todo el campo, recuperar el balón lo más cerca posible del área rival tratando de asfixiarlo lo más arriba posible. Ésta tendencia genera que la defensa se pare muy adelante y en línea generando una peligrosa tendencia a intentar dejar al rival en fuera de juego.

El arquero y capitán Helton, el portugues Moutinho, y los  sudamericanos Otamendi, Pereira, Fucille, Guarín, Hulk y  Falcao son las principales figuras de éste equipo que se quiere colar en la élite del fútbol mundial y que seguramente catapultará a varios de sus jugadores y su técnico a los principales equipos del mundo.

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El retorno del Rey

La ovación de los jugadores del Barcelona a Josep Guardiola, luego de la rueda de prensa previa al partido fue el primer triunfo del entrenador. La misma pasará a la historia por las duras palabras del catalán sobre su colega José Mourinho, no obstante también debería advertirse el mensaje interno, el impacto que esas palabras buscaban generar en el seno del plantel “blaugrana”. La idea fue apasionar al plantel, hacerlo sentir orgulloso de sus valores y de los de su conductor, exacerbar el amor propio. Guardiola comenzó a ganar el partido en el lugar donde habitualmente comienza a ganarlos Mourinho.

Además, el director técnico del F.C. Barcelona, también ganó el duelo en la planificación previa del partido. El Real Madrid, confiando en que el Barça tiene una única forma de jugar, planteo un partido muy similar al jugado siete días antes en Mestalla. Es decir,  un equipo corto, achicando espacios hacia atrás, presionando duramente en la mitad de la cancha y dejando el contraataque como forma de conseguir el gol. El que cambió fue el “culé”. Como siempre intentó atacar, pero lo hizo de otra forma. No fue el equipo dinámico de siempre, le saco ritmo al juego, lo hizo hasta aburrido en buena parte del mismo. Nunca quedo mal parado en su afán de buscar el arco rival, y con esto le negó siempre al Madrid la contra. De hecho la estadística lo avala, su rival tuvo un solo tiro al arco en el partido.

Mientras tanto siguió tejiendo su telaraña, mantuvo la posesión un 74%, el número mágico de Pep, y fue poniendo incómodo a un rival que se iba desesperando a medida que veía que nunca iba a poder realizar su plan de partido.

Con éste panorama, el primer tiempo fue lo más aburrido de la zaga, casi no hubo tiros al arco, y parecía q en el empate sin goles ambos sacaban cierto provecho.  El segundo tiempo parecía transitar por el mismo camino. El Barça no se movía ni un centímetro de su plan de juego, y el Real tampoco, el juego le demandaba a Mou incluir un jugador que pudiera cambiar el ritmo en el mediocampo, sin embargo el portugués solo incluyo a Adebayor en lugar de Özil. El portugués, no se animó a ser más ofensivo aun sabiendo que por este camino el partido se iba a morir con el cero en el arco de su rival.

Y en medio del aburrimiento llegó el punto de quiebre. Una acción rompió el partido. Una plancha violenta de Pepe sobre Dani Alves terminó con el defensor blanco expulsado. A partir de allí el Barcelona volvió a ser el de siempre. Con superioridad numérica y el Madrid jugando solamente a defender, apareció la rotación, apareció la dinámica, y apareció Messi.

El argentino, que había estado prácticamente ausente en los 2 partidos anteriores, tuvo 30 minutos de alto vuelo y prácticamente definió la serie.  Primero apareciendo como centrodelantero para  anticipar a Casillas y los defensores luego de un vibrante desborde de Afellay. Luego para marcar uno de esos tantos que incitan, prácticamente obliga a la incómoda comparación con Diego Maradona.

El partido concluyó con una victoria del Barcelona por 2 a 0 y con una sensación de serie concluida.  El Madrid descargó la bronca sobre el árbitro alemán Wolfgang Stark, y preguntándose por qué un referee puede con una decisión alterar un partido. La crítica vuelve sus elogios hacia el Barça y se pregunta por qué Mourinho no se animó a algo más. Desaprovecho el buen momento de forma de Kaká, Benzemá e Higuaín. Se conformó con defender aún sabiendo que así no iba a poder atacar y se llevó el castigo a la mezquindad.

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Mou lo hizo de nuevo. Real Madrid campeón de la Copa del Rey 2011

La imagen de los jugadores del Real Madrid arrojando a las alturas a José Mourinho, grafica la sensación de la mayoría luego de la victoria de “Los Merengues” en la final
de la Copa del Rey. “The Special One”, aquel al que Florentino pagó cual si fuera jugador para sacarlo del Inter, ya consiguió aquello por lo que lo fueron a buscar. El Madrid es nuevamente campeón, y si bien el triunfo es en el certamen de menor jerarquía de aquellos que disputa, es indudable que una institución de tamaña jerarquía no podía terminar otro año sin festejar. Aún puede ser campeón de Europa, es prácticamente un hecho que no celebrará en la liga, pero hoy Cibeles se vestirá de blanco y disfrutará la victoria del equipo de “Mou” ante el casi imbatible F.C. Barcelona.

El partido fue emotivo, intenso, atrapante. Quizás no pase a la historia como un encuentro
bien jugado, pero con seguridad será de aquellos que eludirá el paso del tiempo y quedará presente en la memoria de los futboleros. No siempre los mejores equipos de un certamen disputan la final del mismo, en este caso ocurrió. No siempre hay un marcado choque de estilos entre los contrincantes, en este caso ocurrió. No siempre el favorito es el que gana, pues en éste caso tampoco.

Con el recuerdo presente del partido jugado el pasado sábado, el Barcelona salió a disputar el encuentro imaginando un Madrid cauteloso, esperando en su propio campo, achicando hacia atrás y atacando poco y nada. Sin embargo, y pese a que el ingreso de Özil en lugar de Benzemá podía presagiar un equipo defensivo, Mourinho sorprendió. El Real presionó varios metros más adelante y controló el circuito de pases del Barça, pero no se resignó a buscar el arco rival. Y aprovechando una noche discontinua de las figuras del conjunto catalán, tuvo las oportunidades más claras del primer tiempo y solo por la impericia en la
definición de Ronaldo se fue al descanso sin la merecida victoria.

¿De qué manera cortó circuitos de juego? Proponiendo un juego de parejas. A cada jugador desequilibrante del Barcelona se le pego cual estampilla un jugador blanco. Khedira, Pepe y Xavi Alonso tenían siempre controlados a Xavi, Iniesta y Messi, Carvalho anuló a Villa, Di María no dejó nunca tranquilo a Dani Alves y Özil controló siempre a Adriano. Basado en éste compromiso individual en defensa, el ataque dependía de CR7 y el portugués estuvo a la altura. Jugó por lejos su mejor partido ante el Barça y terminó, ésta vez meritoriamente, siendo el chico de la tapa.

El segundo tiempo fue prácticamente la contracara. El Real sintió el desgaste, presionó
varios metros más atrás, y el Barcelona fue el protagonista del encuentro. Iniesta se puso el equipo al hombro, Xavi supo acompañarlo y el blaugrana tuvo posibilidades de cambiar la historia. Sin embargo entre un David Villa ausente sumado a la intermitencia de Messi y Pedro ayudo a que el partido acabara igualado en cero.

Un párrafo aparte merece el portero blanco. Iker Casillas es un tremendo arquero que
además tiene una virtud ineludible, en las finales ataja aún mejor. En el mejor momento Barcelonista, apareció el mejor momento del 1 blanco. Y como en la final del Mundial de Sudáfrica, las paradas de Iker, serán el preludio del gol y la celebración de su equipo.

En el tiempo extra, el partido retomó la tónica de la primera etapa. También se cansó el
Barça y con ambos cansados otra vez fue el team de Mou el que impuso condiciones. Y en una jugada con tinte Culé, Marcelo y Di María se asociaron en velocidad, y el argentino tiró un delicioso centro a la cabeza de un CR7 que con un potente cabezazo batió a Pinto.

Una merecida victoria del Real Madrid, solventada en la solidaridad, el compromiso y la
inteligencia. La del entrenador para plantear el partido, y la de su equipo para entender el mensaje, asimilar que debían perder protagonismo individual en pos de conseguir un objetivo.

Para el Barcelona queda el sabor amargo de la derrota y de no haber dado su mejor
versión en un partido clave. No obstante tendrá revancha y dentro de quince días podrá estar celebrando el pase a la final de la Champions League. Caso contrario, volverá a ser testigo de una de las ya recurrentes páginas gloriosas de la historia como entrenador de “The Special One”, José Mourinho.

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Barça-Madrid. Es más fácil ganar jugando bien

Dejando de lado por un momento el axioma que indica que no se pueden analizar las goleadas, hay que intentar explicar porque el Barcelona “bailó” al Real Madrid. Si bien es claro que el calificativo de la frase anterior es una primera definición sobre el partido, parece una simplificación adecuada de lo visto en el Camp Nou.

Los antecedentes marcaban que el Madrid, llegaba al derby invicto. Mourinho rápidamente encontró un 11 inicial, y una idea que se presentaba hasta aquí tan efectiva como vistosa. Por su parte el Barcelona, sólo había sido derrotado por el humilde Hércules. Y pese a un arranque con algunas dudas, nunca dejó de lado su inclaudicable idea regresando rápidamente al camino del éxito.

El “match” se presentó mediáticamente como el choque entre dos estilos. Dos concepciones distintas de ver el fútbol. Dos maneras diversas de llegar a la victoria. Sin embargo, éste equipo de Mourinho, no era tan diferente al de Guardiola hasta éste partido y quizás aquí estuvo el primer y principal error de “Mou”. Compró el discurso, le propuso a su equipo jugar a lo que no venía jugando. Se confundió. Se lo comió su personaje y recibió una de las derrotas más importantes de su carrera.

El duelo de técnicos lo ganó claramente “Pep”. Pero el triunfo se consumó en el resultado pero se reflejó desde el minuto 1. Mientras Mourinho se creyó que con el Inter había descubierto la fórmula mágica para vencer al Barça, el catalán entendió en la semana que debía aportar su cuota para el triunfo de su equipo. Estudió bien a su rival y definió una estrategia clara, efectiva. Y le dio ese plus, que necesita un equipo de “Cracks” para ser casi perfecto.

¿A que jugó el Barça? A lo de siempre. Posesión de pelota, pases cortos, rotación. Pero agregó otros dos factores fundamentales. El pase entre líneas fue estratégico, fue una decisión táctica, una idea que desde afuera se hizo carne adentro. La presión también fue una decisión. Los delanteros fueron los primeros defensores, ahogaron en su propio campo al “Merengue”. Lo obligaron a tirar pelotazos, le solucionaron el trabajo a los siempre efectivos Puyol, Piqué y Busquets. A todo esto hay que sumarle que Xavi, Iniesta y Messi juegan bien los partidos importantes y que a Villa le encanta marcarle al Real.

¿A que jugó el Madrid? No se sabe, o no se entiende. Lo que queda claro es que no hizo lo que hace siempre. Su estrategia fue suicida. Le entregó al Barcelona la posesión de pelota, nunca se le ocurrió tratar de disputar ese ítem. Agrupó jugadores de mitad de cancha hacia atrás pero nunca presionó ni marco de forma correcta o cuanto menos abroquelada. Y como si fuera poco marcó en línea, un error de principiante ante un equipo que tiene pasadores de la categoría del “Blaugrana”.

Al local le sobró categoría. Al visitante le faltó toda la personalidad que le sobra a su técnico. Los “cracks” del Barça estuvieron a la altura. Los del Madrid brillaron por su ausencia. Mourinho, que es uno de los mejores del mundo, demostró que se equivoca como cualquier mortal. Guardiola, que le sobran argumentos para que se lo considere a la misma altura que el “luso”. Impecable triunfo del Barcelona. Que demostró en los últimos años y dejó muy claro en este “choque de estilos” que obtener resultados no significa renunciar a jugar bien. Aunque les suene como una puñalada a algunos de mis amigos.

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El clásico platense y la lógica en el fútbol

El equipo A y el B se enfrentan en un juego de mesa cualquiera. La idea es que sale una carta y a partir de lo dicho por la misma se suma o se resta. Sale la 1º carta, “El equipo A tiene mejor plantel que el equipo B”, 1 a 0. La segunda carta reza, “El equipo A planteó el partido tácticamente mejor que el equipo B”. 2 a 0. “El equipo A tiene jugadores con carácter e identificados con sus colores, el B no tiene alma y echó a los identificados”. 3 a 0. “El equipo A tiene como delantero a Leandro González”. 2 a 0.

El clásico 148 de la ciudad de La Plata demostró una vez más que si se cumplen ciertos parámetros el fútbol puede ser un deporte lógico. Es más, la única falta de la misma podría ser que Estudiantes sólo ganó por dos goles.

Era una obviedad marcar en la previa que el “pincha” era candidato. Hasta el menos hábil en juzgar la potencialidad de un futbolista puede saberlo. No hay comparación en calidad de plantel, en trayectoria, en la cohesión que da el jugar juntos. No obstante, éste deporte da muestras constantes de la posibilidad que tiene un conjunto de menor categoría de dar pelea. Para que esto ocurra debe ser imprescindible que el débil juegue mejor el encuentro desde lo táctico y lo estratégico o bien tener el carácter y la fortaleza anímica de sobreponerse a la inferioridad. Lo óptimo sería que tuviera ambas pero se las puede arreglar con una.

Pues bien, Sabella le ganó la batalla táctica a Cocca. Mientras el entrenador albiazul puso cuatro mediocampistas  en línea para refugiar sobre todo el juego por las bandas, Sabella incorporó jugadores por el medio. Braña, Verón, Pérez y Peñalba eran más y mejor que Rinaudo y Frezzotti y por eso Estudiantes empezó a ganar. Encima el “Lobo” volvió a marcar infantilmente en las pelotas detenidas, cuestión que terminó desenredando un trámite que solo permanecía enredado por la incapacidad de González.

El gol de Federico Fernández  a los 36 del primer tiempo, le marcó al “Pincha” que el camino era el correcto y fulminó a Gimnasia.  Allí aparecen las carencias anímicas. El “tripero” tiene un solo líder y con eso no alcanza, más si es el arquero. El resto vaga por la cancha y por ahora nunca sacó la cara en las difíciles. Su técnico encima es la imagen de la apatía y probablemente el equipo también se contagie de esto.

Cual depredador que caza cuando ve sangre, Verón con la inteligencia de siempre, aprovecho el momento. Tomó la pelota, se internó en el área y fue víctima de penal. Él mismo convirtió la pena máxima y puso el 2 a 0. Prefiero omitir el debate sobre si fue o no penal, pues no aporta demasiado. Para tener como excusa a Pittana, Gimnasia debió haber pateado alguna vez al arco.

El segundo tiempo siguió en la misma tónica. Los cambios de Cocca desarmaron la estructura pero nunca generó soluciones. Neira entró empecinado en jugar su habitual “fulbito”, Graff no tocó la pelota y Aued entró mas por un manotazo de ahogado que por estar en forma como para regresar. Sabella mientras tanto no cambió, las variantes fueron por el cansancio de Peñalba, la lesión de González y la protección a Verón.

Lo ganó con autoridad. Lo ganó fácil. Lo ganó sin sufrir. Y si no lo ganó por mas fue solamente porque de 9 juega Leandro González que como dice un amigo “No hace goles, los deshace”.

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El Fálcon de Ramón y un debate sobre el cómo

San Lorenzo de Almagro es circunstancialmente el único puntero del Torneo Apertura del Fútbol Argentino. No es caprichoso el adjetivo, pues el campeonato es tan cambiante que expone al ridículo a aquel que lanza al aire alguna frase terminante. No obstante el “ciclón” es hasta aquí la grata sorpresa del certamen, resaltando aún más las virtudes de su entrenador.

Acostumbrado a dirigir súper equipos, éste puede ser para Ramón Díaz su más grande desafío. Lejos de las grandes luminarias, de las estrellas, de las candidaturas, el entrenador recibió un plantel estándar y lo reforzó mas con lo que pudo que con lo que quiso.  Sin embargo, sacó a relucir sus dotes de director técnico. Esos que tantas veces le cuestionaban precisamente por conducir planteles de alta gama. Manejar grupos que para los detractores del riojano, “se manejan solos”. Equipos que por su gran capacidad individual disimulaban las virtudes del DT.

Pues éste “Fálcon Familiar” es todo lo contrario. En cada una de las virtudes del team, se ve la mano del entrenador. Que se despojó de sus preconceptos y conformo un conjunto compacto. Que realizó un correcto diagnostico, y en lugar de aferrarse a sus creencias y ser tozudo en su idea, buscó la mejor manera de potenciar lo bueno y disimular lo malo.

La diferencia más notoria es el esquema. Los equipos de Ramón históricamente defendían con 4 hombres. Y salvo algunas excepciones tenían 4 mediocampistas, generalmente 1 de los 4 ubicado como enganche y 2 delanteros. Éste San Lorenzo defiende con 3 hombres, ubica por delante 4 mediocampistas, 1 enganche y 2 delanteros.

Pero la principal virtud de Díaz se nota al analizar sus decisiones tácticas y estratégicas. Y allí se enmarca el debate sobre el cómo. ¿Juega éste San Lorenzo a lo que siempre jugaron los equipos del “Pelado”? La respuesta inmediata es por la negativa. No obstante por ahora los resultados son igual de efectivos. Y en esa renuncia a sus antecedentes en pos de una forma que sea la adecuada a su plantel, radica una gran virtud que habitualmente es el error que explica el fracaso deportivo de varios de sus colegas.

Es bastante fácil descifrar a que juega San Lorenzo. Lo principal es el orden, la solidez, el estar bien parado siempre. Y a partir de allí intentar ser pragmático. Atacar preferencialmente por los costados  para aprovechar la altura del gigante Balsas o un pase profundo a la velocidad de Menseguez. Es rápido en la transición entre defensa y ataque y se siente cómodo con el contragolpe. La cuota de genialidad aparece de vez en cuando con un hasta ahora apagado Romagnoli,  mientras que en el aprovechamiento de las jugadas estáticas se explica una buena parte de sus triunfos. Pero en éste último ítem hay otro punto a favor del riojano, el colocar en cancha buenos ejecutantes como el propio “Pipi” o Aureliano Torres y jugadores que hacen del cabezazo ofensivo su principal virtud tal el caso de Tula, Bottinelli, Balsas y Pereyra.

Se reinventó, cambió, se puso al servicio del equipo y no por sobre el equipo. Forjó su idea en base a lo que tiene y no a lo que supo o quiso tener. Le agregó su impronta y su innegable carisma. Demuestra, por lo menos por ahora que se debe poner las ideas en función del equipo y no a la inversa. ¡Salud Ramón!

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